martes, 12 de diciembre de 2017

MI REINO POR UNA IMPRESORA



Por falta de un clavo se perdió una herradura,
por falta de una herradura, se perdió un caballo,
por falta de un caballo, se perdió una batalla,
por falta de una batalla, se perdió un reino,
y todo por falta de un clavo de herradura. 






Que viene a resumir la leyenda basada en la muerte de  Ricardo III, cuya derrota en la batalla de Bosworth, en 1485, fue inmortalizada por el célebre verso de Shakespeare, “¡Un caballo, un caballo! ¡Mi reino por un caballo!”  La moraleja a toda esta leyenda es que  las cosas hay que hacerlas a conciencia, sin dejar nada al azar, porque si no las consecuencias pueden ser catastróficas.



Todo esto viene a cuento de una "experiencia gastronómica" vivida recientemente que me lleva a pensar que la maquina más necesaria en un restaurante moderno es la impresora, me explicare.


Con motivo del puente salimos del País Vasco y en una ciudad de cuyo nombre no quiero acordarme ( no quiero dar pistas que identifiquen el local), nos recomendaron comer en un restaurante oriental, intente reservar pero me dijeron que los festivos no reservaban aunque si venia sobre las dos no tendría problemas- la verdad es que el personal fue muy amable- el problema fue que cuando abrimos la carta el camarero muy amablemente nos indicó que no había ningún plato que contuviera pollo, pato o atún ( no, no había ninguna cámara oculta), así que el típico sashimi ( en la carta pescado de cinco tipos fileteado crudo) no estaba disponible, aun así comimos muy bien, especialmente nos gustó la costilla a baja temperatura que es la especialidad de la casa.





Tan bien comimos que hoy antes de volver a casa decidimos darle una segunda oportunidad, la camarera muy atenta nos dejó la carta pero nos explicó que no habría ningún plato con atún ni pulpo y que además no había costillas. Yo no acostumbro a quejarme en los restaurantes, aunque tenga motivos, pero se ve que o bien mi cara expresaba el disgusto que tenia o bien sabían que escribía en un blog por lo que al poco tiempo apareció el chef para disculparse - en ningún momento me había quejado- vino a decir que la afluencia en el puente y después le había superado y que al trabajar con productos frescos y con suministradores seleccionados le había fallado el suministro de determinados productos, a lo que había que unir determinadas elaboraciones como la costilla a baja temperatura requería un cocinado a 73 grados durante 11 horas y que la demanda había superado su capacidad de elaborar dichos platos.


Dimos las explicaciones por buenas ( incluso aceptando pulpo como animal de compañía), prefiero que no me den atún a que sea congelado (que siempre está disponible).


Todo lo anterior me trae a la cabeza la leyenda de Ricardo III que parafraseando da título a la entrada de este blog. Si en lugar de una carta impresa (ya si es plastificada como en algunos sitios salgo corriendo) hubiera tenido una carta  con los platos que HOY tenia disponibles se habrían evitado gran parte de los problemas, mi sensación de disgusto inicial, la incomodidad de los camareros y las explicaciones del Chef. Es tan fácil como tener un ordenador y una impresora.


Como se suele decir " no hay una segunda ocasión de dar una primera impresión" y si abres la carta de un restaurante y te dicen que buena parte de los platos no están disponibles, la primera impresión será negativa.
Espero que por un detalle tan fácil de solucionar no acabara el chef cayendo de su caballo.






1 comentario:

  1. Es verdad que el puente ha traído muchos dolores de cabeza a algunos restauradores, sobretodo los que trabajan con productos frescos. Un amigo me confesó que tuvo que hacer malabarismos para abrir con sus menús degustación... Si repetiste es que te gustó la primera vez y te quedaste con ganas de más. Y no hay dos sin tres. Ya me contarás.
    Una alternativa más económica es una pizarrilla. A mí me molan las pizarras porque contienen poco y muy enfocado.

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